Donald Trump ha vuelto a poner a Cuba en el centro de su agenda internacional tras asegurar, en una reciente entrevista telefónica, que el gobierno de la isla está cerca de colapsar.
Según el mandatario estadounidense, la estrategia de presión máxima implementada por su administración ha logrado debilitar las estructuras del sistema cubano hasta un punto de no retorno.
"Cuba también va a caer", sentenció Trump, sugiriendo que el cambio político en la nación caribeña sería "la cereza del pastel" tras décadas de confrontación ideológica y económica.
El presidente vinculó la fragilidad actual de La Habana con la crisis que atraviesa Venezuela, señalando que la pérdida del histórico apoyo energético y financiero de Caracas ha dejado a la isla en una situación de vulnerabilidad sin precedentes.
Al ser cuestionado sobre la relevancia de este conflicto, que se ha extendido por más de medio siglo, Trump minimizó la resistencia histórica del gobierno cubano y reiteró que su mandato mantiene una política de asfixia económica diseñada para forzar una transición.
Mientras la Casa Blanca mantiene su postura ofensiva, desde La Habana impera, por ahora, el silencio oficial ante lo que consideran una escalada en la retórica de Washington.
